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sábado, 10 de diciembre de 2016

Los grandes maestros del arte regresan al Magaly





Las obras y vida de Goya, serán parte de la muestra, en la que se aprecian grandes museos del mundo. Cortesía CCCN/La República

El 20 de diciembre se proyectará en ese espacio “El curioso mundo de El Bosco”, una curación exhaustiva de la obra del artista


En 2017 el Centro Cultural Costarricense Norteamericano junto al Cine Magaly, regresan con una nueva temporada del programa artístico “Exhibition On Screen” (EOS), que muestra documentales sobre la vida, obra y técnica de grandes maestros de la pintura, además de mostrar importantes exhibiciones de sus obras, llevadas a cabo en los más famosos museos del mundo.
Las transmisiones darán inicio con una muestra especial el 20 de diciembre a las 6.30 p.m., pero se completarán a partir de marzo de 2017.
El arranque será con la proyección de “El curioso mundo de El Bosco”, una curación exhaustiva de la obra de este renombrado artista neerlandés.
“Estamos muy emocionados de poder compartir nuevamente un programa del más alto valor cultural que narra la historia de los grandes maestros del arte con lo último en tecnología cinematográfica. Los invitamos a que vengan a participar de este bello programa en el Cine Magaly”, dijo Guillermo Madriz, director ejecutivo del Centro Cultural Costarricense Norteamericano.

El próximo año se podrá apreciar el trabajo de Monet, Goya, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y artistas del Impresionismo Americano.
El precio de las entradas de esta premiere será de ¢6.500 general y ¢5.500 estudiantes y ciudadanos de oro. Estarán a la venta en la boletería del Cine Magaly.

Las fechas

El Bosco. Martes 21 de marzo 6.30 p.m. y domingo 26 de marzo 2.30 p.m.
Monet. Martes 18 de abril 6.30 p.m. y domingo 23 de abril 2.30 p.m.

Goya. Martes 16 de mayo 6.30 p.m. y domingo 21 de mayo 2.30 p.m.

Miguel Ángel. Martes 20 de junio 6.30 p.m. y domingo 25 de junio 2.30 p.m.

Leonardo Da Vinci. Martes 25 de julio 6.30 p.m. y domingo 30 de julio 2.30 p.m.

Impresionismo Americano. Martes 15 de agosto 6.30 p.m. y domingo 20 de agosto 2.30 p.m.

Fuente

https://www.larepublica.net

viernes, 9 de diciembre de 2016

Valencia, por fin, vuelve a tener un Museo de Bellas Artes


Valencia, por fin, vuelve a tener un Museo de Bellas Artes
Quisiera comenzar este texto acerca del Museo de Bellas Artes de Valencia aclarando que no soy un profesional de los museos. Soy solo un historiador del arte y profesor universitario, condición que, sin embargo, me permite valorar la situación con una cierta distancia y acredita, de alguna manera, mi imparcialidad. Quisiera articular mi discurso en torno a dos puntos: el presente del Museo de Bellas Artes de Valencia y su futuro plan museológico. Mi exposición reflejará, en el fondo, cuál es mi idea de este museo. Un museo como el valenciano es el custodio de las obras de arte que reflejan la historia de un pueblo y, como tal, es responsable de conservarlas, de que se estudien de manera científica y de transmitir el conocimiento que de ellas se desprende a la sociedad. Un museo, como una biblioteca, alberga lo mejor que de sí mismo puede dar el género humano y su responsabilidad, por lo tanto, es muy grande.

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Creo que todos estaremos de acuerdo en que los dos pilares hacia los que debe orientarse la institución son la autonomía del museo y la dotación del mismo con recursos económicos suficientes para convertirse en lo que debe ser. Ambos pilares son fundamentales si queremos que el antiguo San Pío V cumpla con rigor, independencia y solvencia su obligación de custodiar, estudiar y difundir el arte y la historia que alberga. Considero que, en este sentido, la situación es esperanzadora. Los poderes públicos parecen mostrarse sensibles a las necesidades del museo y el apoyo económico promete revertir la tendencia observada durante los últimos años.
Esta actitud positiva exige, sin embargo, una acción decidida que subsane la carencia de capital humano de la institución y que garantice y dote las plazas necesarias. Es necesario apoyar la organización de exposiciones que hagan brillar al museo y que atraigan al público a conocerlo. La comunidad científica ha de encontrar allí su casa y contribuir, con su investigación, a relanzar un contenedor vacío de vida durante años. Para convertir el Museo de Bellas Artes de Valencia en aquello que debe ser hay que apostar por él. Solo de esta manera podrán llevarse a cabo exposiciones, conferencias, publicaciones o seminarios de verdadero calado que sirvan a todos y que coloquen al museo, a Valencia y a la Comunitat Valenciana en el mapa.
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Buena parte del reciente dinamismo del museo es responsabilidad de la nueva dirección y los técnicos que trabajan con ella. La manera de elaborar el plan museológico de la institución, sobre cuyo contenido hablaré brevemente, es una clara muestra de una manera de hacer las cosas. Para debatirlo y configurarlo se convocó a medio centenar de miembros de la academia valenciana que pudieron expresar sus recomendaciones, dudas y sugerencias. Por ello, esta propuesta no es solo la del Museo de Bellas Artes de Valencia, es la de representantes, entre otros, de las universidades valencianas. Tal como ha demostrado, la intención del nuevo director es recurrir en cada caso específico a los mejores especialistas y eso, señoras y señores, es dirigir un museo.

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Por fin el Museo de Bellas Artes de Valencia dispone de un plan museológico, algo que no es solo deseable, sino obligatorio para cualquier institución de estas características. Un plan museológico es la construcción del relato que un museo y sus colecciones quieren transmitir. Sin él no se puede hacer nada. Ni adquirir nuevas obras para la colección, ni estructurar una política de exposiciones, ni decidir qué cuadros se muestran y cuáles deben conservarse en un almacén.

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La línea argumental del plan museológico del Museo de Bellas Artes de Valencia es la historia del arte valenciano y para valorar la oportunidad de este hilo narrativo es necesario reflexionar acerca de las obras que alberga. Este museo no es El Prado. El más importante de los museos españoles y uno de los más importantes del mundo se nutre, fundamentalmente, de las riquísimas colecciones heredadas de la monarquía hispánica. Por suerte para todos, reyes como Felipe IV fueron ávidos acumuladores de obras maestras de las principales escuelas artísticas del continente y, a partir de ellas, el Prado puede articular desahogadamente un magnífico discurso en torno a la historia del arte español y universal. En sus salas dialogan Velázquez y Tiziano, Goya y El Bosco, Rubens y Rafael. ¿Puede el Museo de Bellas Artes de Valencia articular una narración parecida? La respuesta es un rotundo no.

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Las colecciones del antiguo San Pío V tienen un origen muy distinto: las incautaciones de obras de arte derivadas de las sucesivas desamortizaciones eclesiásticas y las colecciones de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia. Tanto una como otra fuente hacen que los fondos del museo estén compuestos, en más de un 90 %, por obras realizadas por y/o para valencianos. Es cierto que, además, posee joyas singulares como el autorretrato de Velázquez o algunas buenas pinturas italianas del Barroco, pero estas no son suficientes para articular un plan museológico. Tan extraño como bautizar a un espacio como sala Velázquez con solo un par de obras del pintor sevillano, sería dedicar otra de las salas del edificio al Renacimiento italiano con solo un Antoniazzo Romano y un Pinturicchio. Esta pretensión se convertiría en un rotundo fracaso.
El único discurso coherente para el Museo de Bellas Artes de Valencia es narrar, a través de sus obras de arte, la historia de la ciudad y la comunidad que lo albergan. Nombres como Gonçal Peris, Gherardo Starnina, los Hernandos o José Vergara adquieren sentido solo con una propuesta de este tipo. Sin embargo, tal como recoge el documento del plan museológico, esta articulación promoverá la puesta en valor de la colección propiciando el diálogo del arte valenciano con las joyas artísticas procedentes de otros territorios. Además, la adopción de este planteamiento permitirá delimitar las lagunas y orientar las futuras adquisiciones. Probablemente, al museo nunca le interesará adquirir un Rubens, pero deberá poner todo su empeño en incluir a Sebastiano del Piombo en su colección permanente, pues solo mediante la presencia de sus cuadros en Valencia podrá entenderse el desarrollo pictórico de Vicente Macip o Juan de Juanes. Aunque nadie lo hubiera dicho antes y sin necesidad de que un plan museológico lo pusiera por escrito, el Museo de Bellas Artes de Valencia ya era un museo de la historia del arte valenciano.
Fuente
http://www.levante-emv.com

martes, 6 de diciembre de 2016

Diego y Frida, una pareja mítica

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Existen numerosas parejas célebres en las artes y la literatura: del amor divino y platónico de Dante por Beatrice a la tormentosa pasión entre Baudelaire y la mulata Jeanne Duval, la plácida amistad amorosa de Hugo y Juliette Drouet o la inmortalizada relación de Proust por su chofer transformado en Albertine. Aunque más raras son las relaciones amorosas entre dos creadores, hay ejemplos inolvidables: Auguste Rodin con una Camille Claudel que pierde la razón: los Fitzgerald, Scott y Zelda, quienes se reprochan mutuamente utilizar la vida del otro en sus novelas, ella encerrada en un manicomio donde muere durante un incendio; el amor odio de Octavio Paz y Elena Garro, tan brillantes uno y otra, matrimonio y divorcio, unión y ruptura, silencio y escándalo; la admiración mutua de Fellini y Giulietta Masina: “¿No sería más difícil vivir con un idiota?”, respondió esta actriz cuando le preguntaron si no era difícil vivir con un genio; la complicidad de Diego y Frida en sus búsquedas de ese enigma que es la pintura, entre encuentros y alejamientos, separaciones y reconciliaciones.


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La actual exposición en el Museo de l’Orangerie, Frida Kahlo/Diego Rivera: l’Art en fussion logra –a través de cuarenta obras de ella y treinta y una de él, algunas fotografías de ambos y breves textos informativos– narrar la vida de cada uno con su arte y entre ellos. Exposición original, la idea ingeniosa de presentar juntas las obras de dos creadores, unidos por una relación simbiótica, pero con un acercamiento personal a la pintura. El espectador puede al mismo tiempo admirar las telas y darse una idea de las tumultuosas existencias de estos artistas, separados y unidos, cada uno y los dos.
Visión y narración. Para los ojos, la pintura de Diego y Frida. Para la imaginación, su aventura amorosa, sus compromisos políticos. A este doble cometido, de por sí quimérico, se agregó la ambición de dar su lugar a Diego en la historia de la pintura occidental, siendo mal conocido en Francia, y en Europa, o conocido como el esposo de Frida. Algo así como si Rodin fuera el amante de Camille o Paz el ex marido de Garro. Esta loable meta parece estar siendo lograda: las obras expuestas de Diego se imponen y lo imponen. Reinan las pinturas de caballete, lejos del Rivera militante de los murales. Diego deja de ser sólo el compañero de la conmovedora Frida, quien ya tiene su célebre lugar, inamovible, en la historia de la pintura. Diego Rivera es una estrella luminosa de la constelación que formó la pléyade de pintores en el siglo XX. Un Maestro a quien esta exposición, necesaria, ayuda a encontrar su lugar, preponderante, en la historia de la pintura en Europa.
Postergada a causa de la anulación de L’Année du Mexique en France, esta exposición era esperada con interés por un público más que curioso de la cultura mexicana, público entusiasta sobre todo cuando se trata de figuras míticas.

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Así, hechas las maletas, en ese lugar de ninguna parte que es la inminencia del viaje, me dirigí a l’Orangerie. La inauguración oficial sería a fines de la tarde.
A cien pasos de casa, frente a la catedral de Notre-Dame, tomé el autobús 24, no debería decir su número so riesgo de verlo repleto, cuyo recorrido es el más bello de París a lo largo del Sena, por la rive gauche de ida, por la rive droite de regreso. Olvidé la inminencia del viaje mirando el río, de un lado; del otro, el hermoso museo de Orsay, dedicado a los impresionistas, en la antigua estación de trenes o la esquina donde vivió el muy real capitán D’Artagnan, modelo del héroe de Dumas. La arquitectura, en su apariencia uniforme, ofrece una diversidad de épocas y estilos que descubre al paseante la historia de esta ciudad. Me sentí, cuando ya creía estar lejos, anclada en París. El camión cruzó un puente para pasar a la rive droite: la suntuosa plaza de la Concorde, con su fuente, su obelisco, sus estatuas, al pie de la avenida de los Champs-Elysées, con el Arco del Triunfo al fondo, atrás los museos del Jeu de Paume y de l’Orangerie. ¿Cómo escapar a la belleza magnética de París en ese polo de la ciudad? Mi inminente viaje a México se desvaneció, aunque deba confesar que me cruzó por la mente la imagen solar de la reverberante plaza del Zócalo.
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L’Orangerie me ofreció un regalo único al llegar a París: Los nenúfares, de Monet. Inesperados y, por tanto, más sorpresivos y sorprendentes, aparecieron ante mis ojos con todo su esplendor. Fue la primera vez que vi con los ojos, y no con la mente que todo intelectualiza, la pintura. Y vi también a un ciego mirar esos nenúfares: sin tocar las telas, pasaba su mano a veinte o treinta centímetros de ellas, sintiéndolas, atrapando las vibraciones del color. El hombre sonreía embelesado.


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Decididamente, l’Orangerie me ofrece siempre regalos inolvidables. La exposición de Diego y Frida es uno de ellos. Si algunos críticos franceses se quejan es porque hubiesen querido más. No obstante, la labor de la directora del museo, Marie-Paule Vial, y de la conservadora, Beatrice Avanzi, es notable: la muestra exhibida es enriquecedora para quienes no conocían las obras monumentales de estos artistas, como para quienes creíamos conocer algo de ellos. Si la mayoría de las telas provienen del museo Dolores Olmedo, hay obras prestadas por coleccionistas privados. Una suerte ver estas pinturas.
Azar objetivo, a salir de l’Orangerie, vimos a dos hombres encaminarse al museo. Cada uno llevaba un grueso bastón labrado originario de Tizatlán en Tlaxcala. Nos dirigimos a ellos preguntándoles por esos bastones. “Me lo regalaron en México”, informó el mayor de ellos. Jacques Bellefroid les dijo que él tenía un bastón semejante, regalo del pintor Felipe Ehrenberg. El más joven de ellos, aunque ya de cierta edad, dijo: “El mío viene de mi abuelo.” “¿Quién es su abuelo?”, pregunté. “Diego Rivera.”


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De repente, ahí, entre París y México, vi el rostro de Diego en el de Jean Diego Brusset. Sus rasgos, sus ojos, el trazo de su boca, sin el espesor de Rivera, me transportaron, de ese lugar de ninguna parte que es la inminencia del viaje, a una época ya fuera del tiempo.

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En las ventas que celebrará Christie's el miércoles y el jueves se hallan cuadros de maestros como Goya, Murillo, Paret, Berruguete o Zurbarán

«El puerto de Bermeo», de Luis Paret y Alcázar (Colección Várez Fisa)
«El puerto de Bermeo», de Luis Paret y Alcázar (Colección Várez Fisa) - CHRISTIE'S

En las ventas que celebrará Christie's el miércoles y el jueves se hallan cuadros de maestros como Goya, Murillo, Paret, Berruguete o Zurbarán

La «Casa verde» de La Moraleja (obra de Fisac, fue bautizada así por su dueño, José Luis Várez Fisa, debido al color que lucía tanto en su interior como su exterior) es testigo de cómo, poco a poco, van abandonando sus estancias los ilustres huéspedes que ha acogido durante muchos años: las obras de arte atesoradas, con mimo y pasión, por uno de los grandes coleccionistas no solo españoles, sino europeos. Várez Fisa (Barcelona, 1928) murió en Madrid en 2014. Meses antes hizo al Prado una donaciónde una docena de piezas, que se sumaron a otras dos donadas anteriormente y a cuatro en depósito. Hoy lucen en una sala con su nombre en el museo. Aquel legado, reunido por este empresario y mecenas durante medio siglo, se está dispersando. Como suele ocurrir, hasta en las mejores familias, en alguno de los casos de la llamada «triple D» (deudas, divorcios y defunciones).
La colección Várez Fisa tenía cuatro puntos fuertes: platería española y virreinal de los siglos XV al XVII, cerámica hispanoárabe de la misma época, pintura y arqueología. De esta última, 187 obras egipcias, iberas, griegas y romanas (destaca un excepcional conjunto de vasos griegos) fueron vendidas en 1999 por 12 millones de euros al Estado español y hoy se hallan en el Museo Arqueológico Nacional. La familia no quiere que las dos primeras, las más académicas, se dispersen y desea que se queden en España: a Várez Fisa le costó mucho esfuerzo reunirlas.

                       En manos de Juan Abelló






«La Adoración de los Magos», de Berruguete (Colección Várez Fisa)
«La Adoración de los Magos», de Berruguete (Colección Várez Fisa)- CHRISTIE'S

En cuanto a la pintura, cinco importantes obras han ido ya a parar a manos de otro de los mayores coleccionistas españoles: Juan Abelló. Es el caso de tres Goyas, un Antonio Joli y, muy especialmente, un codiciado y cotizado bodegón de Sánchez Cotán. Solo hay seis en el mundo. Uno de ellos (el único firmado y fechado) fue adquirido por el Prado con el legado Villaescusa. Los herederos de Várez Fisa -son seis hermanos- sacan el miércoles a subasta en la sala Christie’s de Londres un conjunto de 125 piezas: las que han conseguido licencia de exportación y tienen interés internacional. Hay muchas a las que la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico denegó el permiso para salir fuera de España. En otros casos la familia ni siquiera lo intentó, debido a su relevancia. En la colección hay tesoros como «El Conde-Duque de Olivares», de Velázquez (adquirido en Londres en 1979); obras de Goya, Ribera...

Bajo el lema que reza en el catálogo, «Una distinguida colección privada» (la familia ha querido mantener cierto anonimato), sale a la venta unconjunto ecléctico pero de gran calidad: mosaicos romanos, un par de terracotas etruscas del siglo III a.C., cruces bizantinas, tapices, arcones, un capitel andaluz del siglo X, retablos y tallas españoles, muebles chinos, esculturas de Moore, Gargallo y Botero o pinturas de destacados artistas. La colección se ha expuesto de forma previa a la venta en Ciudad de México y Nueva York.
Por su excepcionalidad, un lienzo de Luis Paret y Alcázar pasó en noviembre por Madrid para mostrarlo a posibles clientes y al Museo del Prado, que podría estar interesado. Se trata de «El puerto de Bermeo», un óleo sobre cobre, firmado y fechado en 1783. Su precio estimado: 1,4-2 millones de euros. Se cree que en 1808 se hallaba en el Palacio Real de Madrid. Carlos III acabó desterrando de Madrid al artista, que era tutor del Infante don Luis. Se le acusó de procurar a éste mujeres jóvenes. La obra pasó por las manos de coleccionistas españoles e irlandeses, se subastó en Londres en 1983, tras haber estado depositada en la National Gallery de Londres y, en una venta anónima a cargo de Edmund Peel & Asociados en octubre de 1990, la adquirió Várez Fisa. Fue comprada, como otras muchas de la colección, en régimen de importación temporal. Según quedó establecido en la Ley de Patrimonio Histórico de 1985, este tipo de importaciones se renuevan cada diez años a través de una especie de «pasaporte». Considerada la obra maestra de Paret, le gustaba tanto a Carlos III, que pidió que se hiciera una versión en piedras duras, hoy en la colección del Prado.

                    Importantes bodegones






«San José y el Niño», de Murillo (Colección Várez Fisa)
«San José y el Niño», de Murillo (Colección Várez Fisa)- CHRISTIE'S

Entre las pinturas incluidas en la subasta destaca también «San José y el Niño», de Murillo (3,4-5,6 millones de euros), un cuadro de calidad museística que estuvo en colecciones inglesas desde 1809. Várez Fisa lo adquirió en Sotheby’s-Nueva York en 1998. Asimismo, se ofrecen importantes lienzos como «La caridad de Santo Tomás de Villanueva», de Zurbarán (340.000-560.000 euros); una pareja de floreros de Arellano (450.000-670.000 euros); «Alejandro Magno y Campaspe en el estudio de Apeles», de Tiepolo (280.000-390.000 euros), un bodegón de Antonio Ponce (280.000-390.000 euros)... Sorprende el precio de joyas como «La Adoración de los Magos», de Berruguete(230.000-330.000 euros). Pero el arte antiguo español no alcanza en el mercado los elevados precios del arte moderno (Picasso, Gris, Dalí, Miró). No hay un coleccionismo fuerte para este tipo de obras.
Juan Várez, uno de los seis hijos de José Luis Várez Fisa y Milagros Venegas, es consejero delegado de Christie’s en España, lo cual podría haber supuesto un conflicto de intereses. Pero no ha intervenido en el equipo de valoración de las piezas ni en la estrategia de la subasta. Es solo un cliente más. Patrono del Museo ABC, donó recientemente a la Fundación Museo Reina Sofía la obra «Pabellón Daca», de Dan Graham.

                        Goya y los Thyssen






«Mujer con dos niños junto a una fuente», de Goya. Detalle (Colección Borja Thyssen)
«Mujer con dos niños junto a una fuente», de Goya. Detalle (Colección Borja Thyssen)- CHRISTIE'S

Solo un día después de la subasta de la Colección Várez Fisa en Christie’s de Londres, esta misma sala será escenario de otra cita muy significativa para España. Luce en la portada de la venta de maestros antiguos un cuadro de Goya«Mujer con dos niños junto a una fuente», estrella de la subasta. Su precio estimado: 4,5-6,7 millones de euros. Siempre es un acontecimiento que salga al mercado un Goya, pero en este caso se suma que hay tras él una agria y larga polémica familiar. Según reza en el catálogo, su propietario es «el barón Borja Thyssen-Bornemisza». Borja Thyssen, para los españoles. Es un boceto preparatorio para el lienzo «Los pobres en la fuente» (Museo del Prado), perteneciente a la serie de las Cuatro Estaciones de sus cartones para tapices, destinada a decorar una de las salas del Palacio del Pardo.
El boceto, que se ha exhibido en importantes museos de todo el mundo, fue vendido a los duques de Osuna en 1798, después pasó a manos del anticuario Lafora. Los barones Thyssen lo adquirieron en Nueva York en 1984 con motivo del bautizo de Borja, el hijo de Carmen Cervera, que fue adoptado por el barón. En las memorias de éste, explica que su esposa y él decidieron comprarlo por su relación con el bautismo (el agua y los niños): «Recuerdo que dijimos: algún día el cuadro será para él. Nos lo llevamos a nuestra suite del Hotel Pierre. Allí lo colgamos y permaneció durante días». El cuadro fue comprado en régimen de importación temporal, por lo que ha podido salir para su venta en el extranjero.
Pasó a la colección Carmen Thyssen y estuvo depositado, junto a otras obras propiedad de la baronesa, en el Museo Thyssen. Borja reclamó que tanto esta obra como «El Bautismo de Cristo», de Corrado Giaquinto, eran suyas. El asunto llegó a los tribunales. Pero madre e hijo llegaron a un acuerdo en 2014. Borja se quedaba con los cuadros. Quizás sus problemas con el fisco(es investigado por un presunto delito contra la Hacienda pública) le han llevado a necesitar liquidez y vender el Goya. Ya pidió el permiso de exportación para el Guiaquinto. Carmen Thyssen subastó en 2012, también en Christie’s y por falta de cash, una obra maestra de su colección: «La esclusa», de Constable, por 27,9 millones de euros.
Fuente

lunes, 5 de diciembre de 2016

Louis Kahn y el enigma del monumento

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Recala en el San Diego Museum of Art una retrospectiva del arquitecto






Louis Kahn. The power of architecture
Louis Kahn. The power of architecture

Decía Louis Kahn que los monumentos son un enigma: no puede plantearse su construcción intencionada, porque el resultado no es el esperado, y ni los mejores materiales ni las tecnologías más modernas garantizar obtenerlos. Es un misterio por qué unas arquitecturas devienen monumentales y otras no.
Este arquitecto estonio, que ya en su infancia se trasladó a estados Unidos junto a su familia, estudió Bellas Artes antes que Arquitectura y trabajó junto a John Molitor, Cret, Zantzinger, Boire y Medary antes de fundar su estudio propio en Filadelfia y hacerse acompañar por George Howe, pionero del estilo internacional en estados Unidos, y después por Oscar Stonorow.
Sensible con la realidad social, quizá por sus orígenes muy humildes, Kahn formó un grupo de treinta arquitectos e ingenieros desempleados tras la Gran Depresión para estudiar con ellos nuevos proyectos residenciales y urbanísticos que acabaran con el chabolismo y favorecieran mejores condiciones de vida para la clase obrera, y su primer gran reconocimiento llegó de la mano de la Carver Court War Housing (1942-1943) de Coatsworth, en Pennsylvania.
Tras dirigir la ampliación de la Universidad de Yale, entró en ella como profesor, y en los años cincuenta fue también asesor de la planificación urbana y de la vivienda para el Gobierno israelí y docente en Massachusets, Cambridge y Pensilvania. Pero fue precisamente en Yale, en su Galería de Arte, modular y formada por volúmenes prismáticos, donde Kahn empleó por vez primera un techo de hormigón compuesto por tetraedros con armadura espacial que dejaban al descubierto tanto los conductos usados para el aire acondicionado como los dispositivos de iluminación.





Louis Kahn. The power of architecture
Louis Kahn. The power of architecture

Más tarde llegaron las severas formas de su casa de baños para el Jewish Community Center de Trenton, los laboratorios del Richards Medical Research en la universidad de Pennsylvania, donde las torres de inspiración medieval contrastan con modernos espacios acristalados, el el Kimbell Art Museum texano o el capitolio de Dhaka, en Bangladesh, junto a numerosas iniciativas urbanísticas.
Preocupado por las relaciones entre espacio y luz, diferenció claramente su enfoque de trabajo en interiores y exteriores, estos últimos más sosegados. Uno de sus últimos proyectos fue el Yale Center for British Art, que no quedaría acabado hasta 1977, tres años después de su muerte.
Hasta el 31 de enero de 2017 recala en el San Diego Museum of Art, dentro de una amplia itinerancia internacional, la primera retrospectiva dedicada a examinar la trayectoria de Kahn, “The power of architecture”, en sus dos décadas aproximadas de duración. Consta de más de doscientos objetos entre maquetas, planos, dibujos originales, fotografías y vídeos que subrayan su preocupación por la luz y sus sesudas composiciones, a las que Kahn, hombre profundamente espiritual, quiso dotar en ocasiones de cierto sentido místico, convencido de que la arquitectura debía ser inspiración y bálsamo para quienes la habitan.
Coincidiendo con esta antología, el mismo centro presenta una muestra sobre fotografía arquitectónica a cargo de estudiantes de la Woodbury University School of Architecture y en enero proyectará un documental fundamental para entender a Louise Kahn, My Architect, A Son’s Journey, dirigido por su hijo, Nathaniel Kahn.

Fuente
http://masdearte.com

El Museo de Orsay cumple 30 años (de lleno total)


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          Su director, Guy Cogeval, se retira en marzo de 2017



Fachada al Sena del Musée d´ Orsay
Fachada al Sena del Musée d´ Orsay

Este 2016 (el 9 de diciembre para ser exactos) el museo parisino de Orsay cumple tres décadas convertido en centro de arte de referencia en Francia y en el segundo más visitado de París tras su hermano mayor, el Louvre, que queda justo en la otra orilla del Sena.
Posee una colección inigualable de pinturas impresionistas y de arte fechado entre 1848 y 1914, consolidada a partir de los fondos de arte posterior a 1820 del propio Louvre, de obras impresionistas del Jeu de Paume (que desde 1947, y antes de centrarse en la fotografía, se dedicó a ese movimiento) y del que fuera Museo Nacional de Arte Moderno francés, que, al instalarse en el Centro Georges Pompidou en 1976, solo conservó las obras de artistas nacidos después de 1870.
Aunque las obras maestras del Impresionismo son las estrellas de la colección de Orsay, ubicado como sabéis en la que fuera estación de ferrocarril del mismo nombre, este centro posee también un excepcional acervo de esculturas, objetos artísticos, fotografía y obra gráfica y también de dibujos y maquetas arquitectónicas. En realidad su sede misma es la primera pieza a advertir en el museo: fue construida para albergar la Exposición universal de 1900 antes de convertirse en estación ferroviaria fundamental, cabeza de la línea suroeste de Francia, rol que desempeñó hasta 1939, cuando sus instalaciones quedaron obsoletas.
Desde esa fecha, y hasta el inicio de las obras que lo convertirían en museo, este edificio fue utilizado como centro de expedición de paquetes postales para los prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial, luego como centro de acogida de esos prisioneros tras la liberación, y después sirvió como escenografía para varias películas (entre ella El Proceso de Kafka adaptado por Orson Welles), como refugio temporal para la compañía teatral Renaud-Barrault y, más tarde, como sede de los peritos tasadores de París durante la reconstrucción del Hotel Drouot.
3,5 millones de personas visitan anualmente este museo, uno de los diez más concurridos del mundo. Y es una espléndida noticia, pero tiene su cara B: su superficie es considerablemente menor que la del resto de centros de esa lista. Por eso Xavier Rey, su director de colecciones, habla de él como el museo “más denso” del mundo, y por eso Guy de Cogeval, su director hasta marzo, ha reconocido que es muy difícil que este centro pueda aumentar sus cifras de visitas logrando que estas sean experiencias positivas.





Gran galería, Musée d´ Orsay
Gran galería, Musée d´ Orsay

Con motivo de su trigésimo aniversario, este próximo fin de semana Orsay abrirá gratuitamente sus puertas al público, así que esa situación de falta de espacio volverá previsiblemente a repetirse. Y será uno de los desafíos a los que tendrá que hacer frente el sucesor de Cogeval.
La necesidad de metros cuadrados no afecta solo a la recepción de público, también impide mostrar buena parte de las piezas que componen la colección del centro, genialidades de fines del s XIX y principios del XX como El origen del mundo de Courbet, la Olympia de Manet o los autorretratos de Van Gogh.
Orsay solo puede mostrar a la vez 4400 obras; en sus almacenes quedan 164.000 pinturas y esculturas que se incrementarán cuando se complete la donación de una colección privada asentada en Texas y valorada en 350 millones de euros: la de Spencer y Marlene Hays. Supone la mayor donación artística efectuada a Francia desde un país extranjero desde la II Guerra Mundial e incluye trabajos de Degas, Modigliani, Bonnard, Vuillard y Redon.
Además, en enero de este 2016 el coleccionista francés Jean-Pierre Marcie-Riviere entregó también a Orsay 140 obras de Bonnard y Vuillard.
Buscando aliviar este problema de espacio, el museo ha comprado una mansión vecina, datada en el s XVIII, para albergar su biblioteca y un centro de investigación sobre los post-impresionistas, aunque probablemente esta tenga que ser solo la primera de una serie de medidas para ganar metros.
Si os acercáis a Orsay estas navidades, podréis disfrutar de muestras sobre el arte del Segundo Imperio y Bazille. En el centro dependiente de L´Orangerie nos espera una selección de pintura americana de los treinta y, en el de Luxemburgo, una antología de Fantin-Latour.


Fuente
http://masdearte.com

domingo, 4 de diciembre de 2016

El tributo a un creador incansable


HOMENAJE A GYULA KOSICE EN EL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES
La muestra curada por Rodrigo Alonso se da a 25 años de la última retrospectiva de Kosice en el MNBA. Incluye piezas de distintos períodos del artista fallecido en mayo pasado.
Con obras recientes e históricas, el Museo Nacional de Bellas Artes presenta un homenaje a Gyula Kosice, fallecido en mayo de este año y artista hasta el último minuto. Gyula Kosice (1924-2016). Exposición homenaje ocurre a 25 años de su última retrospectiva en la misma institución. Con la curaduría de Rodrigo Alonso, incluye piezas destacadas de distintos períodos de su producción, como la escultura articulada Röyi (1944), pinturas de marco recortado y una obra de gas neón, de los primeros años Madí. También se pueden ver esculturas que reflejan su obsesión por la luz, el agua y el movimiento; maquetas y bocetos sobre la Ciudad Hidroespacial, quizás su proyecto más revolucionario; y algunos de los últimos trabajos que dejó.
  La muestra se puede visitar hasta el 23 de diciembre en las salas 39 y 40 del primer piso del MNBA, de martes a domingos, con entrada gratuita. Las obras que la integran pertenecen al Museo Kosice, museos públicos y colecciones particulares. La iniciativa surgió de la familia de Gyula. “Queríamos hacerle un pequeño homenaje en el Bellas Artes, el hogar perfecto para eso. Hablamos con Andrés Duprat (director del museo) y nos propuso hacer algo grande. Pedimos a Alonso que se ocupara de la curaduría porque es uno de los principales conocedores de su obra y porque tenían una amistad”, dice el nieto del artista, Max Pérez Fallik, quien también fue su asistente en el taller-museo.
  Según el comunicador, la muestra permite “un vistazo general” de la amplia y destacada trayectoria del fundador del Movimiento Madí. Asimismo, el público puede ser testigo de sus múltiples facetas. “Aparece su costado vanguardista, con las pinturas de marco recortado; su aspecto visionario, en Röyi o en la primera obra con agua en la historia del mundo. También, podrán ver una de las primeras obras con gas neón que realizó. El no hablaba de futurismo, sino de porvenirismo: la postura de estar siempre viendo lo que va a suceder en el futuro, atenta a la evolución de la sociedad. Su interés poético, artístico y humano tiene como mayor exponente a la Ciudad Hidroespacial, que aquí está representada en dos maquetas”, detalla Pérez Fallik. Y añade: “También aparece su faceta teórica, poética, literaria: hay ejemplares de las revistas Arturo y Arte Madí Universal, y documentos en los que exponía programáticamente sus ideas”.
  “La exposición deja ver que era un creador incansable. Sus obras más recientes dialogan con las primeras. El fue cambiando, aunque siempre mantuvo ideas fuerza. La participación del espectador, el movimiento, la inclusión de la ciencia y la tecnología, el azar corregido”, analiza el nieto de Gyula. Según Alonso –la mano invisible detrás del recorrido–, la muestra recuerda a Kosice como “un artista pionero, imaginativo, inventor. Con un vocabulario plástico muy amplio y sofisticado”. 
  El homenaje es más que merecido. Pero, ¿tuvo Gyula, en vida, el reconocimiento que debía tener? Charlar con él dejaba la sensación de que no estaba conforme con el reconocimiento de su propio país. En este sentido, la mirada de Alonso y la de Pérez Fallik se parecen. “Tuvo reconocimiento, en la medida en la que pudo tenerlo viviendo en Buenos Aires, en una época en la cual la información no circulaba como ahora. Si hubiera vivido en París o Nueva York, hoy sería un artista clave del arte internacional y los museos se pelearían por su obra. Aunque en los últimos años, el Centro Pompidou lo incluyó en su muestra permanente internacional, y muchos otros museos del mundo se interesan por su arte. Su reconocimiento se va a ampliar mucho más en el futuro”, reflexiona Alonso. Pérez Fallik dice que “él sentía cierta insatisfacción con el reconocimiento en la Argentina”. “En Europa fue absolutamente reconocido. Se lo consideró uno de los grandes artistas del siglo XX, mientras que en el país pasaron muchos años para que se lo considerara”, cuenta. El nieto de Gyula continúa trabajando en el Museo Kosice –Humahuaca al 4600–, que se puede visitar por las mañanas y con reserva. Allí el artista solía recibir con entusiasmo a estudiantes de todos los niveles. Es una suerte de planeta Kosice, ya que alberga unas 200 obras.
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MALBA, un museo del siglo XXI referente latinoamericano a cargo de un español

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Con solo 15 años de vida, el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) se sitúa hoy como referente para el arte de la región y, desde 2014, lo hace bajo la batuta del español Agustín Pérez Rubio.
"Soy un eje más de todo un engranaje, creo que hay que entender el museo como una factoría", se apresura a puntualizar cuando, en entrevista con Efe, se le pregunta por la importancia de su cargo de director artístico en el centro de la Fundación Costantini.
Reconocido por su labor al frente del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) en España, este valenciano admite que desde Europa se ve el arte latinoamericano como algo "fragmentado".
"América Latina tiene que ver con su historia y, más allá de la América negra y América indígena, hay toda una serie de relaciones con las ciudades, con cómo se ha entendido las construcciones sociales, desde los trabajadores, los sindicatos...", enumera.
También tiene que ver, afirma, con una idea particular "de familia" y de los afectos, "de la tierra" e incluso de los "minerales" y las materias primas pagadas a muy bajo precio por Europa y Norteamérica.
Para Pérez Rubio, en el arte latinoamericano hoy hay que ver tres escalones: el que habla de su realidad desde la propia América Latina, los artistas que han emigrado y continúan su trabajo desde lugares como Madrid, Berlín o Los Ángeles, y, por último, los extranjeros que tratan temas o estéticas latinoamericanas, como si el arte fuera un "doble espejo".
"Esa multiculturalidad se ha dado y a partir de ahí (los artistas) han narrado, han comenzado sus narrativas y ampliar el contexto de lo que entendemos por América Latina", defiende.
"No nos podemos quedar en este gueto de solo mirarnos a nosotros mismos. Creo que lo interesante es que Latinoamérica se mire con sus propias palabras, se refleje con sus artistas en otros contextos pero, también, entender el reflejo de otros artistas y otros contextos, de qué manera lo miran y de qué manera aportan", opina.
La labor de Pérez Rubio se desarrolla en la idea de museo que ha cambiado, no solo porque la multiplicidad de medios alteró lo que entendemos por "obra de arte", sino porque la forma de vivirlo, en plena era de las redes sociales y los teléfonos inteligentes, también es diferente.
"El museo ha dejado de ser el contenedor, simplemente, y el conservador de una serie de colecciones, de objetos, encontrados en otro sitio, perteneciente a la ciudad. Las colecciones y los objetos existen, pero existe cada vez más diversidad de medios. Ya no existen solo pinturas, dibujos, esculturas, sino incluso vídeos, incluso performances...", reflexiona.
"Pero no solamente eso sino que el museo ha pasado realmente a ser un lugar de experiencias", añade.
Ahora, ir al museo significa tanto visitar su colección como una exposición temporal, ir al cine, asistir a un taller o a una conferencia.
"No solamente eso, hasta que te vienes a tomar un café, hasta que a veces quedas porque hay wifi libre, que vienes a comprar un libro o algo de diseño en la tienda... Es decir el museo es una herramienta más dentro de esta ciudad", considera.
También ha cambiado la forma en que la institución se comunica con su público, al que ahora habla directamente con la web, Facebook, Instagram...
Y ese público del MALBA es abundante. La última gran exposición temporal, la primera de la artista japonesa Yoko Ono en Argentina, superó los 150.000 visitantes.
Pero Pérez Rubio llama a poner la mirada en el trabajo del museo más allá de esos grandes nombres que acaparan titulares para fijarse también en los menos mediáticos, en el taller al que asisten diez personas o en la muestra del joven artista argentino que luego acaba itinerando por otros museos del mundo.
"Yo no tengo miedo cuando me dicen 'ay, va mucha gente al MALBA, ay es muy populista'. No, no es populista es simplemente interesante (...). Pero también hacemos cosas que a veces vienen seis personas, diez personas... Porque también tenemos que mira a los públicos específicos", indica.
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Retiran una escultura de una sede del FBI después de que hiciera enfermar a una docena de agentes

La escultura y la oficina del FBI en Miami donde se instaló. Foto: Hedrich Blessing
En 2015, el FBI encargó una bonita escultura de algo más de cinco metros de alto a una artista de Brooklyn. La pieza, que costó 750.000 dólares, se instaló en la sede de la agencia en Miami, pero ahora está guardada en un almacén de Maryland. ¿La razón? Hizo enfermar a una docena de agentes.
La escultura se titula Cedrus, y antes de llegar a las oficinas del FBI estuvo expuesta en lugares como el campus del MIT. Su autora es una escultora neoyorquina llamada Ursula von Rydingsvard que se ha hecho popular por trabajar con enormes piezas de madera.
Sin embargo, y según documentos a los que ha tenido acceso Politico algo muy raro comenzó a pasar poco después de que la escultura llegara a la sede del FBI. Una docena larga de agentes cayeron enfermos, algunos de ellos incluso requirieron hospitalización. Una de las víctimas pasó 11 días ingresada. Los síntomas incluían dificultad respiratoria, rinitis, sinusitis y reacciones en la piel con picor intenso.
Foto: Hedrich Blessing
La escultura está realizada con madera de Thuja plicata, un árbol de hoja perenne conocido popularmente como Cedro rojo occidental o Tuya Gigante. Es una especia majestuosa que puede alcanzar los 60 metros de altura y dos metros de diámetro de tronco. Su madera blanda la hace una variedad muy popular en algunos trabajos de ebanistería y arte.
Lamentablemente, también es una especie de árbol famosa por desencadenar alergias severas en muchas personas. De hecho, la Administración de Salud y Seguridad Laboral de Estados Unidos y el Centro de Control de Enfermedades estipulan unas normas muy estrictas en el tiempo y modo de exposición de los trabajadores a esta madera.
Desde la Administración General de Servicios (GSA), que es la institución que encargó la escultura en primer lugar y la encargada de gestionar las oficinas públicas en el país, niegan que la escultura supusiera un riesgo. La GSA asegura que se llevaron a cabo los estudios de calidad del aire pertinentes. Con análisis o sin ellos, el caso es que la escultura fue evacuada rápidamente a un almacén de la GSA en Maryland. La factura total del incidente, incluyendo el precio de la obra y los traslados ya ronda los 1,2 millones de dólares. [vía Politico]
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